3 reglas de oro para conectar con la gente
Conectar con la persona que tienes enfrente, en el contexto que sea, no es cuestión de suerte. Tampoco de carisma, ni de hablar mucho. Conectar con la gente, conseguir que te escuchen, que valoren tus palabras, que te hagan caso o incluso que cambien de opinión es cuestión de actitud.
La mayoría de las personas no recuerdan exactamente lo que dijiste, recuerdan cómo las hiciste sentir, y eso lo puedes conseguir en los primeros segundos de cualquier conversación o discurso.
Estas tres reglas cambian la forma en que hablas, escuchas y lideras. Funcionan en una conversación con tu equipo, en una reunión difícil, en una cena con amigos o incluso con tus hijos. Son simples, pero no siempre fáciles, y marcan la diferencia.
Positividad
No critiques. No te quejes. No corrijas en público o en caliente. Parece obvio, pero pocos son capaces de frenase antes de soltar un comentario negativo, incluido yo. Al hacerlo lo que conseguimos es que el otro o los otros se pongan a la defensiva.
Las personas bajan la guardia cuando no se sienten atacadas, y si no hay defensa, hay escucha, escucha activa, ahí empieza la conexión real.
Practicar la positividad no es evitar los problemas. Es aprender a no disparar el primer dardo. No tires la primera piedra. Puedes corregir sin herir. Puedes decir lo difícil sin sonar agresivo. Sólo necesitas calma, pausa, conciencia y empatía.
Piensa antes de hablar. No para censurarte, sino para elegir bien el impacto de tus palabras. Recuérdalo bien, si quieres que te escuchen, debes transmitir con positividad.
Reconocimiento
En línea con lo anterior, too el mundo quiere sentirse visto. No digo halagado, aunque a veces también, digo visto. Reconocido.
Estarás de acuerdo conmigo con que a menudo, aunque hagamos las cosas bien nadie nos lo dice. A mí me pasa todos los días, pequeñas “joyas” de nuestro trabajo, de nuestro comportamiento, de nuestro esfuerzo cotidiano, que pasan desapercibidas. Y con ellas, a menudo, la motivación, de la que, precisamente, te hablaré más adelante
Reconocer lo que funciona es una de las herramientas más potentes que tenemos para generar confianza, romper barreras y conseguir respeto por parte del otro.
Hazlo con intención. Sé concreto. Sé sincero. Un “esto estuvo bien” dicho a tiempo vale más que diez instrucciones después. Además, el reconocimiento no solo refuerza la autoestima del otro, refuerza la relación.
Motivación
Pedir algo es fácil. Demasiado fácil. Mis hijos se pasan todo el día pidiendo, y yo pidiéndoles a ellos. Lograr que alguien quiera hacer lo que le pides es otra cosa muy diferente. Mis hijos, a menudo, se salen con la suya. Y yo a menudo hago auténticos malabarismos para motivarles y conseguir que me hagan caso sin tener que convertirme en un ogro autoritario, y eso último no es posible hacerlo en otros contextos. ¿Verdad?
La clave de la motivación está en cómo planteamos la conversación. Las personas no responden de buen grado a las órdenes. No es agradable recibir y acatar órdenes, ¿A qué no? Sin embargo, cuando comprendemos los “por ques” o el “para qué”, si entendemos los motivos y estamos de acuerdo con ellos, entonces es mucho más fácil.
Si consigues motivar a tu audiencia, que se sientan identificados con la causa, sentirán que es su decisión y entonces, no necesitarán que nadie les pida ni les empuje.
No impongas, pero tampoco expliques de más. Pregunta. Escucha. Conecta lo que propones con lo que le importa al otro.
Motivar no es convencer es despertar algo que ya estaba ahí.
Hasta aquí mi rollo de hoy, tres palabras a tener en cuenta antes de abrir la boca, en el contexto que sea:
Positividad. Reconocimiento. Motivación.
Tres reglas muy simples para conectar con la gente.